sábado, abril 09, 2011

Té verde en mí.

La escuché más de una vez llorar con esa canción. La horrible sensación que eso genera en mí, las ganas de gritar hasta el cansancio, las ganas de pedirle otra vez, hacen que mi ser llegue a un estado que no puedo identificar entre los que conozco. Cuando llora no necesariamente está triste, entonces leí sus ojos como acostumbro y, acercándome a lo que supongo real, me dije "no me importa". Claro que me importa.
Con el paso de las hojas supe que sus llantos constantes provocan mi engaño, mi engaño que no es engaño en absoluto. Esas hojas que pasaron determinaron mi fe, determinaron mis libros y determinaron las formas.
 Con mi llanto vinieron otras cosas, vino el fuego que provoca cada ser que detesto, vinieron las ganas de matar la nada, vino el dolor más agotador que sentí.
El dolor más agotador que sentí es ese que a veces te consume en cuotas chicas, ese que te hace inservible y capaz, capaz de todo. Mi llanto no le sirvió a nadie, mi llanto alimentó los gritos que aturden.
Mis formas caseras de ir muriendo me consumieron y ahora tengo más vida que nunca.
Es mi pasión la vida la vida radica en mi muerte. Más increíble es que mi sufrir ya casi no esté, que aparezca cada tanto. No quiero hablar de ahora, quiero contar el antes.
Quiero contar el antes, mi antes, el de hace muchas hojas, el seco, el más lúcido antes.

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